martes, 22 de enero de 2013

Medicamentos de nuestros bisabuelos


¿Con qué se "curaban" o trataban sus achaques los pobladores de Sarmiento a principios del siglo pasado? A juzgar por las publicidades de las boticas de la época eran menjunjes de llamativos nombres y dudosos respaldos. La mítica revista "Caras y caretas" de entonces desbordaba de avisos escalofriantes, como el de aquella "saludable" cerveza "Stout" -hoy nuevamente en circulación- recomendada para bebés. La imagen que acompañaba al texto era la de una madre que tenía a su hijito en brazos conectado a una botella de cerveza a través de una sonda.

No menos desopilantes -y probablemente inocuos- eran los medicamentos ofrecidos por el boticario. ¿Curarían algo el "Jarabe de hipofosfito de soda" y el "Jarabe de rábanos iodado"? Quién sabe, otros venían respaldados por una autoridad en la materia: "De la casa del señor L. Frere, aprobados por la Academia Imperial de Medicina de Francia". ¿Cómo no confiar en estos productos? Por ejemplo, en los "Glóbulos de Josephat de Copaiba", las "Perlas del doctor Clertan" o las "Pastillas y polvos del Dr. Belloc". ¿Habrán cuidado su cutis nuestras bisabuelas sarmienteras con "Leche antefélica"? 

El "Ungüento de Holloway", los "Bolos de Armenia" o el "Verdadero elixir tónico antiflemoso del Dr. Guillié" estaban a disposición como guardianes de la salud. . . de las cuentas bancarias de avispados señores.  Da ganas de gritar "¡Llame ya!"