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miércoles, 9 de octubre de 2013

La pobreza de 1836

La riqueza que atesoraba la pampa bonaerense en sus entrañas aún estaba por aflorar merced al trabajo de miles de chacareros y peones. Mientras tanto, en 1836 no había en la iglesia de San José de los Arrecifes ni para los libros reglamentarios. Había que anotar en cuadernos comunes los registros parroquiales. 

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Escribió en uno de los libros el cura Juan José Dupuy:  "Aquí da fin este libro de bautismos que empieza desde 21 de julio de 1823 años, asentándose las partidas en cuadernos menores con exactitud y orden; hasta que se proporcione de las escasas rentas de fábrica por las circunstancias de pobreza del partido, un libro capaz de ser sentadas en el las partidas de los cuadernos menores y las sucesivas. Arrecifes y Diciembre 28 de 1836."

domingo, 6 de octubre de 2013

San Carlos: los bautizados de 1896

Lista de los bautizados en San Carlos Borromeo durante 1896, a partir del 25 de mayo, fecha de la puesta en marcha del Libro de Bautismos, a cargo del cura Jesús Lorenzo Alfonsín. Copiado en el orden y tal como está escrito, incluyendo el apellido de la madre. 

viernes, 4 de octubre de 2013

La vieja iglesia


La vieja iglesia de San Carlos Borromeo, 
inexplicablemente derribada, que fue construida en 1896. 


LA CAMPANA

Ella soltaba su voz pastoral, cencerro de sus fieles, y las palomas echaban a volar. Se convocaban los trinos de todos los pájaros y se alborotaban las acacias de la plaza.

Ella incitaba otro rumor, cuando las calles silenciosas se despertaban en las mañanas de domingo, desde los tiempos en que anunciaba a los labriegos sus primicias.

Ella era una voz para marcar los ritmos de la jornada. Era una música convocante, un llamado de alerta, un mensaje penoso.

Ella vigilaba el día, las horas de este pueblo. Cuando la derribaron, abatieron también el canto de los pájaros y ya no arrullaron las palomas a la sombra del campanario.

Pero también derribaron una memoria que nos pertenecía. El sonido de esa campana era nuestro. De los que aún guardamos ese llamado como parte del paisaje de nuestra infancia.

Ella regresó, pero sus tañidos tristes claman por su antigua casa, aquella iglesia de 1896.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Alfonsín: un cura y los lobizones

Carátula del primer libro de bautismos
de la iglesia de San Carlos Borromeo

Jesús Lorenzo Alfonsín fue el primer cura que tuvo la iglesia de San Carlos Borromeo. Antes había tenido un activo ministerio que lo a llevó sitios tan disímiles como la iglesia de Montserrat, en la Capital Federal, y a desempeñarse como capellán de la estancia de la Merced, construida en un campo de Carlos Urioste. En el trabajo de Fiol y Iakich dice que la estancia "estaba en lo que es hoy El Abolengo". Desde allí llegó a San Carlos el cura Alfonsín. A poco de andar hubo rencillas y problemas que devinieron en dificultades económicas y la iglesia quedó al borde del cierre. Finalmente, el cura Alfonsín entregó las llaves del templo al intendente de Arrecifes y se marchó en junio de 1897. 

La particularidad en la historia de este sacerdote es que fue el sacerdote que bautizó al primer ahijado presidencial. La historia es más o menos así:  un matrimonio de agricultores de Coronel Pringles, alemanes del Volga, tuvo un hijo nacido el 8 de octubre de 1907.  Este niño, José Brost, era el séptimo hijo varón del Enrique Brost y de su esposa Apolonia Holmann. Y como todos sabemos, el séptimo hijo varón los viernes de luna llena se convierte en lobizón, o por lo menos esa era la creencia de los alemanes del Volga. En la Rusia de Catalina y los zares, se protegía a estos niños con el padrinazgo del zar, por eso el matrimonio Brost le solicitó al presidente de la República -a la sazón el doctor José Figueroa Alcorta- que continuara con esta tradición adquirida por ellos y apadrinara al pequeño José.

Así ocurrió, y el niño fue bautizado el 20 de octubre de 1907 por el cura Alfonsín.