domingo, 6 de mayo de 2012

Balmaceda (2): de Trapalanda a Sarmiento

Hacía poco menos de cuarenta años que Colón había llegado a América.  El capitán Francisco César partió desde las costas del Paraná y atravesó la pampa desconocida hasta toparse con los ríos Carcarañá y Talamochita.  Los pobladores originarios fueron muy amables y generosos con los desconocidos. Les obsequiaron objetos de oro y bellos cristales de berilo. La codicia les encendió los ojos a los conquistadores. Se convirtió en obsesión la búsqueda de Trapalanda, la mítica ciudad de los Césares, de riquezas infinitas.

Otras expediciones terminaron por fijar en el mapa un punto de atracción por sus condiciones geográficas. la ciudad fabulosa no había aparecido, pero comenzaba a nacer otra ciudad, más real: Río Cuarto.

A su paso, los conquistadores se apropiaban de las tierras, de las aguadas, expulsaban a los pobladores belicosos y esclavizaban a quienes llamaron "indios mansos". No hallaron oro, pero la tierra y las encomiendas de "indios" iban a consolidar grandes fortunas.

Su graciosa majestad española, afecta a regalar tierras de las que no podía presentar escrituras debidamente formalizadas, otorgó por "merced real" enormes extensiones a la familia de Jerónimo Luis de Cabrera, adelantado y fundador de la ciudad de Córdoba.  El hijo del conquistador recibió en 1620 un latifundio que abarcaba la región donde creyeron alguna vez que estaría la Trapanda. 

Dos décadas después, el heredero había dilapidado la fortuna y no tuvo mejor idea que pedirles un préstamo a los frailes del monasterio de Santa Catalina de Siena.  Las cosas le fueron de mal en peor a la familia y sus descendientes terminaron perdiendo sus posesiones tras una ejecución hipotecaria a manos de los monjes. 

Alrededor de 1750, los religios se decidieron a subdividir y colonizar el latifundio que había quedado en sus manos. Entre las primeras familias que compraron o arrendaron tierras, estaban los Balmaceda, junto a otras familias españolas, como los Garay y los Aguilar.

En ese año, el gobernador de Córdoba del Tucumán -como se llamaba a Córdoba- por un decreto fundó el pueblo de la "Purísima Concepción".  Este pueblo desapareció, tal vez por su inviabilidad económica o estratégica y el acoso de los pobladores originarios.  Pero hubo una nueva fundación y la construcción de un fuerte que resultó determinante para consolidar la existencia de una población fija en el lugar.

Se establecieron los Balmaceda en zona de frontera, cuando la conflictividad con pehuenches y ranqueles estaba algo atenuada. Pero con el correr de los años, la resistencia de los originarios tuvo un rebrote y regresaron los malones.  En 1771 se producen los primeros. En la casa de Agustín Balmaceda estaba uno de los tres fortines que delineaban una frontera para resistir los embates.

Es muy probable que algunos Balmaceda hayan decidido emigrar hacia zonas más seguras. En marzo de 1780, ranqueles y aucas chilenos atacaron Río Cuarto. El peligro era constante. Por eso, en 1793 Laureano Balmaceda y Estefanía Godoy están radicados en Arrecifes y hacen bautizar a su hijo Joseph León Balmaceda en la iglesia de San José. En ese momento, Joseph tenía cindo años y había nacido en Río Cuarto.

(cliquear sobre la imagen para ampliarla)
Laureano era hijo de Juan Balmaseda y Manuela Balmaseda. Había sido bautizado en Río Cuarto el 6 de abril de 1761.

Posiblemente, Laureano haya sido el primero de los Balmaceda en arribar a estos pagos. Como hemos visto en el desarrollo de los ancestros de Cecilio Balmaceda, su abuelo (de Cecilio) Juan de la Rosa Balmaceda se casó en San Antonio de Areco en 1799.