viernes, 13 de septiembre de 2013

Alfonsín: un cura y los lobizones

Carátula del primer libro de bautismos
de la iglesia de San Carlos Borromeo

Jesús Lorenzo Alfonsín fue el primer cura que tuvo la iglesia de San Carlos Borromeo. Antes había tenido un activo ministerio que lo a llevó sitios tan disímiles como la iglesia de Montserrat, en la Capital Federal, y a desempeñarse como capellán de la estancia de la Merced, construida en un campo de Carlos Urioste. En el trabajo de Fiol y Iakich dice que la estancia "estaba en lo que es hoy El Abolengo". Desde allí llegó a San Carlos el cura Alfonsín. A poco de andar hubo rencillas y problemas que devinieron en dificultades económicas y la iglesia quedó al borde del cierre. Finalmente, el cura Alfonsín entregó las llaves del templo al intendente de Arrecifes y se marchó en junio de 1897. 

La particularidad en la historia de este sacerdote es que fue el sacerdote que bautizó al primer ahijado presidencial. La historia es más o menos así:  un matrimonio de agricultores de Coronel Pringles, alemanes del Volga, tuvo un hijo nacido el 8 de octubre de 1907.  Este niño, José Brost, era el séptimo hijo varón del Enrique Brost y de su esposa Apolonia Holmann. Y como todos sabemos, el séptimo hijo varón los viernes de luna llena se convierte en lobizón, o por lo menos esa era la creencia de los alemanes del Volga. En la Rusia de Catalina y los zares, se protegía a estos niños con el padrinazgo del zar, por eso el matrimonio Brost le solicitó al presidente de la República -a la sazón el doctor José Figueroa Alcorta- que continuara con esta tradición adquirida por ellos y apadrinara al pequeño José.

Así ocurrió, y el niño fue bautizado el 20 de octubre de 1907 por el cura Alfonsín.